EL OCASO DE UN SAN RAFAELITA.
- San Rafael Televisión

- 1 mar 2018
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Por: Jesús Yarce.
Al igual que todos los seres, yo también tuve años mozos, cuando todos me admiraban, me visitaban, se recostaban en mis barandales, se abrazaban a mis columnas de sostenimiento, me acariciaban y me susurraban palabras tan tiernas que me conmovían de alegría, pues me hacían sentir como uno de los hijos predilectos de San Rafael.
En las noches de luna, los novios gozaban pisándome los lomos y se paseaban de una a la otra orilla del también hermoso río, que juntos, embellecíamos el paisaje y brindábamos alegrías a este pueblo querido del alma. ¡Qué tristeza recordar aquellos tiempos! ¡Qué melancolía me produce todo aquello al verme hoy casi convertido en un agonizante que se resiste a morir!
Me llamo "Críspulo Rojas"; nací en el año 1916 por una equivocación de mi padre cuando me trasladaba a una estación del Ferrocarril de Antioquia, llamada también San Rafael. Me trajeron por el camino de Islitas pasando por el alto de Macanal me desviaron acá, y por ello nací a la vida de servicio este municipio, al que adoro con todo el corazón.
¡Ya no soy ni sombra de lo que fui! Y de no ser por mi amigo Jesús Yarce E. que me tomó la foto que ilustra mi lamento, quizá en 1975, hoy no podría ser siquiera ufanarme y recordar mi pasado. Mis triste realidad es ésta: mi estructura de hierro está carcomida por el óxido, las pinturas que me recubrían desaparecieron por completo; mis pisos, que son de madera, están en lamentable situación por acción de las motos que me pisotean, día y noche, sin ninguna consideración produciendo, al mismo tiempo, un infernal ruido que hace que los enfermos de los alrededores me odien por no dejarlos dormir los años de su fatalidad, al igual que la mía, ignorando que no tengo en ello ninguna culpa. Mis muros permanecen cubiertos de maleza y basuras, pues, a pesar de tener un Relleno Sanitario y un buen servicio recolector, hay vecinos que mandan costales llenos de inmundicias y los niños los dejan colgando de mis rieles. Algunos dicen que aun soy una joya de ingeniería; otros, por el contrario, sostienen que ya no merezco atención alguna.
En esta hora de tanto dolor quiero morir como Cristo: perdonando a todos los culpables de esta horrible agonía; son ellos, la Administración Municipal, el Honorable Concejo, la sociedad de mejoras públicas, Casa de la Cultura, juntas de acción comunal, Conductores asociados, cooperativas, comerciantes, Isagen, Epm y algunos malos amigos.
¡No quiero morir. Quiero seguir sirviendo a mi San Rafael del alma. ¡Quiera Dios que entre todos se propongan a devolverme la vida!
(Fragmento del año 2002 del mes de Noviembre, El Correo.
Ahora vemos que la historia se sigue repitiendo unos años después y que nadie se apropia para salvar el patrimonio de nuestro municipio, nos hemos polarizado en buscar culpables y no en buscar soluciones para salvar el Críspulo Rojas)



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